| |
DOLOR
El dolor es una experiencia emocional (subjetiva) y sensorial (objetiva) desagradable asociada a una lesión tisular o expresada como si ésta existiera, siendo el síntoma más frecuente por el que consultan los pacientes a los médicos.
Los estímulos del dolor son muy diversos, pero tienen en común la propiedad de dañar los tejidos y se denominan nociceptivos o estímulos nocivos; clínicamente, los estímulos dolorosos principales obedecen a traumatismos, isquemia e inflamación. Los estímulos nocivos actúan por lo general debido a la liberación de sustancias químicas que actúan sobre las terminaciones nerviosas libres, las principales son la acetilcolina, la histamina, la serotonina, la bradiquinina, mientras que las prostaglandinas incrementan la acción de ésta última.
Por otra parte, estímulos específicos para ciertos receptores, como el calor o frío, cuando son intensos y nocivos, pueden estimular las terminaciones nerviosas del dolor y provocar sensaciones mixtas (calor y frío).
TIPOS DE DOLOR: Si se tienen en cuenta las estructuras que pueden dar origen al dolor, existen tres tipos, como sigue:
1) El dolor somático superficial o cutáneo nace en la piel y sus estímulos principales son el calor o frío intensos, el corte, estiramiento excesivo, la inflamación. El dolor es vivo, bien localizado y da origen a reacciones consistentes en aumento de actividad muscular (lucha o evasión) y descarga del sistema simpático. Las mismas características posee el dolor de las mucosas externas.
2) El dolor somático profundo nace en los músculos, aponeurosis, tendones, articulaciones, periostio; sus estímulos son semejantes a los del caso anterior, incluyendo la inflamación y además la isquemia muscular. Es un dolor sordo, pero bastante bien localizado, que da nacimiento a reacciones consistentes en quietud, acompañada de contracturas musculares que fijan la región dolorosa, y manifestaciones viscerales como bradicardia acompañada de sudores.
3) El dolor visceral se origina en los órganos internos y sus estímulos son distintos a los del dolor superficial, siendo los principales la distensión o dilatación brusca, el espasmo o contracción del músculo liso (en particular si existe isquemia, la que puede ser provocada por el mismo espasmo por compresión vascular) y los irritantes químicos, especialmente en el caso de la inflamación. El dolor es sordo, vago, sin localización precisa y se acompaña de reacciones de quietud, con contractura muscular de inmovilización, bradicardia, hipotensión arterial, sudoración, náuseas y aún vómitos.
Fisiología del Dolor

REACCIONES DOLOROSAS.: Debe distinguirse la percepción dolorosa y la reacción al dolor que acompaña a la anterior. Esta reacción ante el dolor posee componentes psíquicos, somáticos y viscerales:
1) El componente psíquico, mejor dicho emocional o afectivo, varía de un individuo a otro y aún en el mismo individuo; el dolor como sensación desagradable se acompaña de aprensión, miedo (acerca de su salud) y sobre todo ansiedad, pudiendo llegar a ser intolerable.
2) El componente somático consiste en movimientos defensivos, de retirada, evasión o lucha, gritos, o bien depresión de la motilidad, quietud.
3) El componente visceral consiste en taquicardia, vasoconstricción arteriolar, hipertensión arterial, midriasis (descarga de impulsos del sistema simpático), o bien bradicardia, hipotensión arterial, náuseas, vómitos, sudoración (descarga de impulsos del sistema parasimpático).
El dolor en la historia humana
La enfermedad y el dolor han estado unidos con la vida, durante la historia de la humanidad. En restos prehistóricos se han encontrado signos de lesiones óseas como osteomielitis, osteosarcosmas, abscesos periodontales, seguramente muy dolorosos, y desde el Paleolítico el hombre viene causando dolor mediante técnicas quirúrgicas no precisamente incruentas, como la trepanación.
Durante milenios el dolor y sus remedios se enmarcaron en una concepción mágica de la enfermedad, aunque para ello se aprovecharan gran cantidad de hierbas, cortezas y raíces, en una especie de farmacopea, donde lo eficaz y lo ineficaz se mezclaban bajo el aura de lo sobrenatural.
Hasta los griegos presocráticos del siglo VI antes de Cristo, las enfermedades y sus tratamientos no se concebían en términos naturales y racionales. Varios siglos de medicina científica se reúnen en los casi 70 libros del Corpues Hipocraticum.
A lo largo de 20 siglos los médicos se han enfrentado al dolor con grandes dosis de literatura y superstición, y sólo a partir de la década de 1960, se ha evolucionado del empirismo y la ineficacia al refinamiento terapéutico que se obtiene del conocimiento de la fisiopatología.
Dolor y placer
Generalmente los conceptos de dolor y placer son opuestos, se supone que si hay placer no puede haber dolor e inversamente. Pero también es sabido que en algunas situaciones supuestamente anormales (contradictorio campo sexual) se puede llegar a sentir placer haciendo daño a otra persona como en el caso del sadismo u obtener placer al sentir dolor en el caso del masoquismo.
Uno de los medicamentos que calman varios tipos de dolores es: LA ASPIRINA, que es el ester salicílico del ácido acético se utilizada como analgésico, anti-inflamatorio, antipirético y antitrombótico. Las propiedades analgésicas y anti-inflamatorias del ácido acetil-salicílico son parecidas a las de otros anti-inflamatorios no esteroídicos.
El ácido acetilsalicílico es utilizado en el tratamiento de numerosas condiciones inflamatorias y auto inmunes como la artritis juvenil, la artritis reumatoidea, y la osteoartritis. Por sus propiedades antitrombóticas se utiliza para prevenir o reducir el riesgo de infarto de miocardio y de ataques transitorios de isquemia. Durante la mayor parte del siglo XX, la aspirina fue utilizada como analgésico y anti-inflamatorio, pero a partir de 1980 se puso de manifiesto su capacidad para inhibir la agregación plaquetaria, siendo utilizada cada vez más para esta indicación. Más recientemente se ha demostrado que el tratamiento crónico con ácido acetilsalicílico (más de 10 años) reduce el riesgo de cáncer de colon. Se sabe hoy día que la aspirina posee propiedades antiproliferativas.
Efectos antitrombóticos: La COX-1 de las plaquetas genera el tromboxano A2, un potente vasoconstrictor y agonista de las plaquetas. Los efectos de la aspirina sobre la agregación plaquetaria tienen lugar con dosis mucho menores que las requeridas para un efecto analgésico o anti-inflamatorio. La COX-1 de las plaquetas es más sensible que la COX-1 del endotelio, lo que explica la necesidad de dosis muy bajas de aspirina para conseguir un efecto antitrombótico, lo que es deseable en pacientes con enfermedad coronaria. La inhibición de la COX-1 plaquetaria ocasiona una disminución de la agregación plaquetaria con un aumento del tiempo de sangrado. Estos efectos sobre la hemostasia desaparecen a las 36 horas de la administración de la última dosis. Aunque el ácido acetilsalicílco no actúa sobre la agregación plaquetaria inducida por la trombina (que se produce cuando se activan las plaquetas como consecuencia de la ruptura de una placa de ateroma al inicio de un episodio de angina inestable), se recomienda su administración en pacientes con historia de enfermedad coronaria y de angina estable. Se cree que los efectos beneficiosos de la aspirina en la profilaxis del infarto de miocardio se deben a su capacidad para reducir los niveles de proteína C reactiva.
Efectos anti-inflamatorios: Se cree que la actividad anti-inflamatoria del ácido acetil-salicílico se debe a la inhibición periférica de la acción de la COX-1 y de la COX-2, aunque la aspirina puede también inhibir la síntesis de otros mediadores de la inflamación. Sin embargo, se cree que la respuesta inflamatoria más importante está mediatizada por la COX-2 ya que esta enzima es inducible por las citocinas.
Efectos analgésicos: los efectos analgésicos de la aspirina son, al parecer, efectos indirectos sobre el sistema nervioso central. Al disminuir la síntesis de prostaglandinas, la aspirina reduce la percepción del dolor.
Efectos antipiréticos: son el resultado de la inhibición de la síntesis de prostaglandinas en el hipotálamo, lo que a su vez induce un vaso dilatación periférica y sudoración.
Efectos antiproliferativos: Aún cuando el ácido acetilsalicílico acetila la COX-2, esta enzima acetilada retiene algo de su capacidad para metabolizar el ácido araquidónico para producir al ácido graso 15R-hydroxieicosatetraenoic (15R-HETE). Se sabe que los hidroxiácidos tienen efectos antiproliferativos. No se sabe con exactitud si los efectos de la aspirina reduciendo los niveles de prostaglandinas contribuyen a su actividad antitumoral.
Estos son algunos de los muchos usos de esta noble y antigua droga que en actualidad es de primera elección para la prevención de los eventos coronarios agudos.
|
|